DOCTOR VILCHES

SEÑOR«Cuando tenía 8 años fui a pasar unos días a la casa que mis abuelos se estaban construyendo entonces en Tarrasa, en la provincia de Barcelona. Como todavía no había aseo, mi abuela calentó una olla con agua hirviendo para que nos laváramos, con tan mala pata que me caí de la cama, empujé la olla y toda el agua terminó cayendo sobre mi cuerpo. Lo primero que se le ocurrió fue untarme entero de aceite -algo nada recomendable-, hasta que llegaron mis padres y me llevaron a toda prisa al hospital. Allí vieron que tenía quemaduras de segundo grado; después de tratarme, parecía una momia de gasas a la que habían quitado literalmente a tiras los trozos de piel quemada.

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